
Este artículo fue principalmente
subido en otra página web: https//elhombrecamara.wordpress.com/2016/05/22/the-wire-la-serie-cinematografica/,
porque se trataba de un trabajo para la asignatura de Cultura audiovisual, de
2ª de Bachillerato.
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The Wire nos presenta una nueva manera de
ver el "cine": por capítulos de una duración de 50-60 minutos.
Porque, aunque entre dentro de la categoría de serie televisiva, las técnicas
empleadas son propias del mundo de la gran pantalla: es como si viéramos un
documental de ficción. La precisión de los diálogos (como diríamos en la
literatura clásica: el “decoro poético”, que consiste en que cada personaje
tenga su propio lenguaje según los estudios que haya cursado y la clase social
a la que pertenezca), la ambientación (los espacios son realistas porque los
exteriores están rodados en las calles de la misma ciudad, y no se utilizan
estudios), y la verosimilitud de las situaciones narradas son unas de las
características principales de la serie. Otras series que empezaron a seguir
esta tendencia anteriormente eran también de la misma empresa, la HBO (con
series como The Sopranos, o Oz).
El punto de vista del espectador es omnisciente externo, por eso
tiene similitudes con el género del documental, porque no hay uno o dos
personajes protagonistas; todos van y vienen y aportan su granito de arena,
todos tienen su importancia. En la primera temporada, por ejemplo, podemos
pensar que quizás el protagonista es el policía Jimmy McNulty, o el
narcotraficante Di Angelo Barksdale, pero a medida que pasan las temporadas,
nos vamos dando cuenta de que no hay ninguno que destaque por encima del resto.
A parte de esta frivolidad narrativa, con la que se nos hace difícil crear un
vínculo emocional con ningún personaje, también es importante remarcar que
ningún personaje es bueno o malo, no hay polos opuestos: nada es totalmente
blanco o negro. Con esta característica, se reitera el realismo de la serie.
Finalmente, podríamos constatar que no hay un protagonista humano, sino que el
protagonista es, en realidad, la ciudad de Baltimore, donde se ambientan todos
los sucesos. Es cierto que hay un conjunto de personajes que son más
principales que otros; sin embargo, los personajes secundarios tienen también
mucha relevancia en la trama, no son solo parte del decorado. A parte, están
todos insertados en un ciclo vital que se repite, y son víctimas del
determinismo.
Para remarcar el aspecto de la verosimilitud, vemos como se
abarcan varias temáticas:
1.
En primer
lugar, uno de los temas más importantes: la problemática de las drogas, tanto
desde el punto de vista de los traficantes como de los consumidores.
2.
La
pobreza, que se ve patente, en su mayoría, en los habitantes de etnia negra
(que constituyen, irónicamente, alrededor del 65% de la población).
3.
La
policía, que intenta combatir la problemática de las drogas y la delincuencia
en general que se acontece en la ciudad (no solo se nos presenta su lado bueno,
sino también la incompetencia de muchos miembros del cuerpo policial, y la
corrupción de los de arriba).
4.
La
importación de productos ilegales de manera clandestina mediante los puertos
marítimos y otras vías.
5.
La
corrupción política, que prácticamente podemos ver plasmada en las elecciones
para la alcaldía del municipio.
6.
La
educación en los barrios más conflictivos. Su calidad poco propicia está
también directamente relacionada con la pobreza económica y con la problemática
de las drogas (los padres adictos no son capaces de ofrecer una educación
óptima a los hijos, y así consecutivamente).
7.
La
implicación de los medios de comunicación en la delincuencia, y la manipulación
y tergiversación del periodismo en muchos casos, por el sensacionalismo.
Es preciso destacar la integridad de las interpretaciones de los
actores, ya que muchos de ellos formaban parte, en la vida real, de estos
barrios donde permanece la presencia de las drogas y la pobreza, y vivieron en
primera persona estos entornos conflictivos. Por lo tanto, eran capaces de
encarnar sus personajes con una naturalidad increíble, sin requerir unas dotes
interpretativas espectaculares ni experiencia en el mundo escénico.
Ligado con los escenarios de exterior reales y con la acurada
recreación de los interiores (sin la necesidad de muchos recursos ni de una
superproducción), es relevante otra peculiaridad de la serie que otorga
realismo: la falta de música, de sonidos extradiegéticos (de fuera de campo).
Que no se añada música en los momentos cruciales (por ejemplo, para acentuar el
dramatismo, o para dar más impacto en escenas morbosas), está también conectado
con la inconsideración narrativa. La clara intención del creador de la serie
(David Simon, periodista muy implicado en la realidad en las temáticas que
trata en sus proyectos) es que haya una distancia entre el espectador y los
personajes, y pretende mostrar los hechos de la manera más cruenta posible: no
hay marcha atrás, no hay compasión; simplemente se plantea un punto de vista
pasivo y estoico de las circunstancias.